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EL AUTOR
LOS CUIDADOS DEL MINISTRO
Por: Gustavo O. Peña
CAPITULO I
¿QUÉ ES LA ÈTICA?


Para poder hablar de los cuidados del Ministro Cristiano es necesario poder conocer las diversas situaciones que se están presentando en el mundo de hoy, ya que directa o indirectamente están afectando al Ministro en su Labor como tal. Sin lugar a dudas esta labor es muy ética en sí misma, por ese motivo hay que dar a conocer la significación de este término, para poder así definir los fundamentos o principios de vida en los cuales debe vivir el "Ministro Cristiano", los cuales servirán para un constante perfeccionar de sí mismo.

Es sabido que en todos los sistemas de gobierno existen códigos éticos bajo los cuales se legizla y bajo los cuales se procede a actuar ante las diversas situaciones que se presentan en el contexto de un país. Para el caso de la Iglesia y por lo tanto de un ministro que es quien la administra, la ética no es ajena, pero la diferencia es que para éstos el código ético surge de la Biblia. Entendiendo entonces que toda sociedad se rige bajo alguno o muchos códigos éticos, resulta necesario indicar que la Ética adquiere un rol de vital importancia en el contexto mundial, eso porque no solo dicta las pautas de la libertad en la cual deben proceder las personas en general, sino también la forma de vida que debiera tener un Ministro. Es en la ética que se pueden responder a las polémicas y problemáticas que trae consigo el desarrollo cientpifico de la bioética y la tecnología, como también de la tan esencial política.

Por esa razón en este artículo se indica y afirma que la ética cumple un papel fundamental en el desarrollo de una sociedad, es por eso que debe ser comunicada por alguien que responda con profesionalismo, vocación y sabiduría a las demandas del mundo actual.

En efecto, es perfectamete posible que cada cual quiera aportar algún punto de vista al debate ético que se da hoy en día, entre ellos los partidos políticos, gurpos minoritarios sexuales o agentes eclesiales, pero aquí se determina que la indicada para cumplir esa función es la Iglesia y ello requiere que la misma tenga un testimonio íntegro de vida tanto en la labor individual de cada Ministro como del cuerpo total de la misma, lo cual, si es mirado en el contexto de la actualidad, se puede señalar que la Iglesia Cristiana está una seria crisis debido a los muchos casos de corrupción y abusos de parte de los líderes de ésta. Pero no todo está perdido y es por eso que hoy se presenta en este pequeño texto la cosmovisión de la Ética Cristiana, la cual permitirá al Ministro, la Iglesia y los laicos el mensaje y pasos a seguir necesarios para la aplicación de una vida íntegra, basada en principios Ético-Bíblicos.


A. DEFINICIÓN DE ETICA

“Ética” viene del griego "ethos", término que en su tradición se traduce según Yattenciy Bonilla en su Libro: "Hacia una ética de la Vida", como: “costumbre o moral” lo cual indica que Ética es la "doctrina de la moral o el desarrollo de la moral"; pero esto aun no dice mucho, lo cual implica definir de manera más detallada su significado y esta sería que toda ética no solamente es una doctrina de la moral, sino que esa doctrina de la moral viene a darle al ser humano, fundamentos dignificantes y totalizantes en pos de la realización de la vida del mismo. Principalmente esos fundamentos son principios teóricos que se basan de manera Bíblico-Folosófica, y para que sean reales éstos deben ser aplicados en la vida del cristiano; así es entonces que el Cristiano tendrá una complementación más asertiva ante las demandas sociales de hoy.

Pero se debe volver a la definición antes dicha que dice: "Ética es la doctrina de la moral", porque es necesario que sea traducido en palabras más sencillas.

Ética es entonces, la disciplina que trata acerca de la valoración de los actos humanos, otorgando un conjunto de normas y principios morales que sirven para regular la actividad o proceder humano ante la vida. Como filosofía moral, la ética habla del comportamiento humano bueno o malo; sin embargo, también apunta a aquella fuerza moral a la que aluden expresiones como "moral elevada o alta y moral baja" la cual se manifiesta en: sentimientos, inclinaciones y pasiones que a veces ciegan, pero cuya ausencia lleva a un estar sin moral.

Ante todo lo dicho, la ética resulta ser normativa, ya que sin ella no habría leyes ni reglas valóricas que nos enseñen a cómo proceder ante el camino de la vida y ante el derecho de las demás personas; Resulta
normativa para poder llevar concretamente el estilo de vida que Jesús desea para la humanidad. Normativa porque ésta debe estar constantemente evaluando los códigos de comportamiento del hombre, lo que su vez conlleva el hecho de que sea esencial. Al ser esencial en la humanidad, la ética deja una inmensa tarea de responsabilidad para la Iglesia a desarrollar en la sociedad, pero ¿Quién llevará a cabo esa tarea?, ¿dejaremos que lo siga haciendo la política? ¿O la Iglesia debe tomar y promover su voz en las problemáticas sociales?. Usted Juzgue.


B. LA LIBERTAD DEL HOMBRE ¿UN DILEMA?

Se ha provisto de una definición básica de qué es la ética, pero a la vez explicativa en cuanto a la misión de ésta para el mundo, como también la importancia de ella para el desarrollo de la vida del hombre. Pero eso no es todo, ya que comienzan a surgir los primeros problemas éticos en cuanto al hombre, en el caso de este trabajo investigativo, para el Ministro Cristiano con preguntas como: ¿Qué es lo que tiene permitido hacer el Ministro y qué no puede hacer? ¿es que acaso tiene que tener permiso de alguien para realizar lo que él quiera? ¿dónde está su libertad? ¿bajo qué prisma se dispondrá al ejecutar una acción en la vida? ¿A qué se refiere la Libertad en Cristo?. Preguntas como estas son las que ponen en tela de juicio los problemas éticos en cuanto a la libertad humana y el rol de las iglesias más tradicionalistas. Por ejemplo Iván Kamarazoff en su parábola del “gran inquisidor” de la obra Dostoievski dijo: “Cree tan solo lo que te dicte el corazón, El cielo no revela ya nada, y solo nos queda la fe en lo que el corazón nos dicta” . Pensamientos de este tipo son los que paulatinamente han ido produciendo en el hombre un proceder mas libertino a través de la historia contemporánea, y de esa manera desechando mucho o todo aquello que ha enseñado y enseña la Iglesia; pensamientos como estos son los que imperan en la sociedad postmoderna; ¿Pero qué sería del hombre si solo hiciera lo que le dicta el corazón?.

En la parábola del Inquisidor se da a entender que hay que hacer y seguir todo lo que dicte el corazón, lo cual en cierta medida establece que esa sería la libertad y ética bajo la cual se debiera dirigir el hombre, lo que nos deja un claro sabor hedonista en ese pensamiento. La pregunta es: Si en el corazón de un hombre hubiera el deseo de matar a otro hombre porque simplemente este le cayó mal de presencia ¿acaso sería lícito permitir aquello, por el solo hecho de decir que hay que andar en la libertad del corazón?, éste tipo de pensamiento procede del hedonismo (El cual enseña que el fin justifica los medios, es decir esta todo permitido mientras obtengas tu placer). Es en esos puntos donde se debe pronunciar la Iglesia con un mensaje liberador y que dignifique la vida de las personas y el mundo. Debemos dar cuenta de que las pautas éticas de vida son vitales para la existencia del hombre en la tierra ¿Cómo lo haremos?.

Ciertamente Dios desea que el hombre en su libertad construya el mundo en el que vive, pero debe hacerlo de la forma correcta y en libertad. Hay pasajes bíblicos como (Mt. 5:45ss) que dice: “Sed perfectos como vuestro Padre en la gloria es perfecto... que hace salir el sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos”. En éste versículo del Nuevo Testamento queda claro que Dios ama lo que Él ha hecho (la creación), y si se observa el texto se puede apreciar que Él es igualitario en las cosas necesarias de la vida tanto para justos como injustos, lo importante es que se cumpla con el propósito que Dios nos enseña sus palabras: “Sed perfectos como vuestro Padre en la gloria es perfecto”. No se puede escapar a la realidad de que Dios es soberano, eso indica Él es perfectamente “libre=soberano” para hacer lo que Él quiera.

Así también el hombre es libre y porque Dios lo ha querido así, pero la meta y propósito de Dios es que éste alcance la PERFECCIÓN DE SU LIBERTAD, pero en la Gloria de Dios. Ello denota que debe ser en un proceder ético de libertad, el cual se debe basar en la perfección de Dios.

Al estudiar las Sagradas Escrituras se puede encontrar que Dios tiene un propósito para el hombre y justamente entre ello está el deseo de DIOS para que el hombre alcance la perfección. Desde una reflexión personal se deja en claro que la perfección será posible solo hasta el grado en que Dios lo permita ciertamente muy inferior a la perfección de Dios, ya que si el hombre fuera perfecto sería Dios y Dios dejaría de ser Dios.

Y se establece que el único medio por el cual el hombre podrá llegar a alcanzar tal meta es por medio Jesucristo, ya que teológicamente cualquier otro camino lleva a una desviación del propósito inicial de Dios y ese querer de Dios es que el hombre sea salvo, lo que requiere una vida fuera del pecado. ¿El pecado es sinónimo de mal?.

Así es, pero también el no cumplir la libertad es un mal, entonces surge una pregunta en la cual hay que reflexionar ¿Si la libertad es perfección, de que manera procedo ante la vida? la respuesta es: “mal es todo lo que niega el espacio a la libertad y bien todo lo que la garantiza” . Esa frase es una solución, la cual al ser reflexionada brinda respuestas concretas; Entonces “Pecador es el hombre que en su libertad escoge, la servidumbre (de hacer el mal) y renuncia así a su vocación divina y a su esencia humana”. El hombre bueno elige su libertad y lo hace con su constante opción por la dignificación de su vida. Cuando se habla de Divino y humano, es porque debe existir una relación de ambos, es decir debe existir el equilibrio perfecto entre lo divino y lo humano para que el hombre pueda ser libre en su esencia misma y para eso están las pautas que Dios mismo estableció en su Palabra.

Esa libertad divina de la que habla la Biblia consiste en que el hombre nunca dejará de desencantarse de ella, porque será la que le otorgará paz y amor, cosas que son esenciales en el hombre para una vida libre de lo malo.

Lo malo sería entonces todo aquello que impida vivir esa libertad plena de paz y amor que revela Dios en su Palabra y todo lo que no la dignifique en su esencia y naturaleza humana.

La libertad en el hombre es un hecho real y concreto que permanece en la esencia misma del ser humano, por lo cual es imposible sacarla, y eso se puede ver en el mundo cada vez más socialista que lucha por la igualdad, libertad de expresión, etc. Pero así también en la esencia humana está la realidad de la búsqueda del poder, el cual cuando es desenfocado de un propósito de dignidad lamentablemente llevará a una corrosión de la libertad, llevandola a un libertinaje social. Esa libertad, ya no es libertad, porque está desenfocada del verdadero sentido o mejor dicho de su sentido original.

Analizando reflexivamente en su sentido estricto la palabra “libertad”, se puede decir técnicamente que nadie es libre, ya que el que hace el mal es esclavo de aquello malo que hace, lo que permite que no sea libre, y el que hace el bien es esclavo de hacer el bien que hace; la diferencia es que el hacer el bien provocará una libertad intrínseca del hombre, una libertad de espíritu, emociones, sentimientos y pensamientos, pero basados en el amor de Dios (agapao), el que le otorgará una vida de “Felicidad Plena” y al vivir aquella felicidad plena estará viviendo en esa paz y amor ágape en el cual uno "dejar de ser yo para que el otro sea"), ese amor que Dios a regalado gratuitamente a la humanidad, y que por lo cierto es vivificante y dignificante para el hombre, ya que no solo será posible el vivir en sí mismo sin el egoísmo del cual muchos son partícipes, sino que se anunciará aquel acto de Gracia de parte de Dios para la humanidad lo que brindará al hombre su tranquilidad y paz espiritual en una felicidad constante, felicidad en la libertad que solo Dios nos puede dar.

Después de esta reflexión se pude ver que Dios en su propósito siempre ha querido y quiere que el hombre sea libre, por lo cual no hay que culpar a Dios acerca de las privaciones que tiene el hombre impuestas por la mentalidad tradicional la cual generalmente surge de interpretaciones literalistas de la Iglesia. Eso mismo fue lo que condenó Jesús, el Fariseísmo.

“Entonces para que el hombre sea verdaderamente libre, este debe desacralizar las leyes que no dignifican que él mismo ha impuesto, además es un mandato evangélico de primer orden”. Esta frase da a entender de que no es lícito declarar instituciones divinas a las estructuras que el mismo hombre ha formado. Se debe recordar que Jesús mismo resumió los diez mandamientos en una verdad totalizante para la vida humana, que consiste en un único mandamiento, el del amor, y amor gratuito, amor de libertad para el hombre, es decir el Espíritu mismo en nuestro ser.

Cabe mencionar en este punto la importancia real de la Famosa Teología de la Liberación, que consiste en que Dios a través de su Evangelio dignificador produce una liberación de su opresión tanto al pobre espiritual, como material. Entonces los mandamiento se vuelven relativos y subjetivos, y adquieren su real importancia valórica solo cuando sirvan en la unión del hombre con el hombre y del hombre con Dios. Esto se resume en que las leyes deben ser de alianza entre el hombre y Dios. La libertad debe producir entonces un “cambio de ser” y hacer, el cual solo es posible en el Evangelio de Dios. Es la fe la que le brinda la salvación al hombre y es fe en en elección(decisión); en cambio todo lo que se haga por la ley será sin libertad (Ver Gálatas 5:1). Optar por la fe es optar por la vida y optar por la vida es optar por la libertad, una libertad en amor, la cual servirá en tiempo de paz y tribulación. El amor es entonces una libertad de vivir a través de una muerte constante de nuestro yo, la que debe ser realizada y practicada en la vida cotidiana. Además es una posibilidad innata para la felicidad suprema que podemos obtener de parte de Dios. Eso nos lleva a la conclusión de que todas las leyes caben en el amor y que el amor es infinito, más la ley no lo es.


C. LA CONCIENCIA DEL MINISTRO

Muy cierto es que la libertad debe ser parte del Ministro de Dios, lo que lo deberá llevar a una vida dignificada en un Evangelio de amor gratuito, en la perfección de Dios, por medio del Espíritu mismo. Eso ya impone implícitamente las primeras pautas Éticas para el Ministro Cristiano y ella es que debe llegar a ser como Cristo; eso implica el vivir con el carácter de Cristo. Pero surge otro problema más y ese se da en la conciencia humana. Como dijo Karl Rahner:

"Alcanzar la libertad de los hijos de Dios puede, pues llamarse resurrección, porque según la fe cristiana, la autonomía moral de la humanidad tiene su origen precisamente en la resurrección del Señor. (...) Resurrección no significa, por tanto, volverse “acósmico”, sino “pantocósmico”, es decir hallar en el amor un espacio de vida tan vasto como el mundo y que alcance a todos".


Las palabras de Karl Rahner demuestran que el deber principal del Ministro está en el amor, ese amor que se da por otros, que “alcance a todos”, un amor que brinda y satisface la libertad, pero libertad en Dios a través de la Gracia y sin esa gracia no puede haber libertad. Pero eso debe hacerse parte de la Conciencia del Ministro para que él pueda comenzar a vivir de manera real su libertad. Esa conciencia de la “libertad de Dios” es la que debe tener el ministro cristiano y será el factor que lo diferenciará de los hombres que no tienen conciencia cristiana. Eso denota que la conciencia viene por medio de la fe en Jesucristo y su resurrección.

Por lo tanto el Ministro debe tener claro que no se puede sustraer de la realidad en que vive, es decir, vive en un mundo en el cual no todos tienen conciencia cristiana y no todos entienden el sentido de la verdadera libertad, lo que necesariamente debe hacer que él (ministro) aprenda a vivir su libertad divina en el mundo real y que además la enseñe. Es entonces cuando deben comenzar los cuidados especiales del cristiano y Ministro de Dios.


CAPITULO II
CUIDADOS CONCRETOS DEL MINISTRO


El ministro de Dios debe tener presente que el hecho de que él se desenvuelva en un mundo en el cual no todos son cristianos o no tienen conciencia de tal, eso lo debe orientar en la dirección de su cuidado personal de una forma más minuciosa, pero equilibrada entre su espiritualismo y vida concreta de mundo, ya que el espiritualismo esclaviza y no mos debemos sustraer de la realidad.


A. EL CUIDADO PRINCIPAL

Primero que todo hay que decir que un Ministro de Dios es alguien muy importante dentro de la Obra de Dios, ya que este tiene la misión de servir a otros en lo que pueda ser útil a los demás, ministrando con su vida misma. Un ministro de Dios puede ser el mismo pastor de una Iglesia, un líder de célula, de ministerio musical o el mismo hermano que hace la recepción de los nuevos creyentes; por lo tanto el ministro tendrá que tener claro, que él como Instrumento de Dios es quien debe salvaguardar la idea original de libertad y conciencia divina de su interior, haciendo todo para la gloria de Dios. Eso permitirá que todo lo que realice sea respaldado por Dios y la Iglesia. Pero el cuidado corresponde en no faltar a los principios que producen la verdadera libertad en Dios, que son el amor gratuito de Dios. Es decir el Ministro primero debe cuidarse de no dejar de hacer lo que tiene que hacer para su vida cristiana.


B. CUIDADOS GENERALES

El hecho de que se le haya puesto cuidados generales no quiere decir que sean de menor importancia, sino que son tan importantes como el objetivo principal que está explicado en el primer capítulo, pero en esta sección entran los principios bíblicos como (Gá. 5:16) que recomienda que “se viva una vida según el Espíritu de Dios, para no dar así apetencias a la carne, que sean contrarias al espíritu” y se refiere al espíritu humano, ya que el hacer lo malo producirá una detracción del propósito del amor gratuito de Dios para el hombre, y que se expresa intrínsecamente en el hombre por la gracia de Dios. La otra recomendación para el ministro y que le será de gran utilidad en la cotidianidad de la vida, será cumplir con el hecho y realidad de vivir según el Fruto del Espíritu, efectuándose así un vivir según el carácter de Cristo, cumpliendo entonces el hecho o meta de “ser como Dios”, en sus atributos de amor. Dios desea que el ministro se cuide no de lo que no debe hacer, sino de lo que debe hacer en su libertad; Una libertad entregada por Cristo, el “Liberum Arbitrium”. Si el ministro llega a entender la trascendencia de lo que es vivir en plena libertad, entonces podrá vivir su plena humanidad y vida de fe, desde una vida ética, que respetará la ley natural y la ética propuesta por Jesucristo.


CONCLUSIÓN

En efecto se concluye la idea de que el Ministro de Dios debe procurar vivir una vida ética en la libertad que Dios le da, ya que eso, y solo eso, lo llevará a ser una persona que no viva bajo leyes o reglas que lo opriman más (como las impuestas por el hombre o las del pecado). Ya que las leyes impuestas por el hombre producen esclavitud y así no se da lugar a la libertad de Dios, por lo tanto la meta del Ministro será desacralizar aquellas reglas y leyes que lo opriman, así como Jesús lo hizo con el fariseísmo.

En consecuencia, el Ministro Cristiano debe buscar su dignificación humana en la plena libertad, una libertad que no lo oprima ni en su espíritu, sentimientos, razonamiento o su aspecto físico. Debe atender a la dignificación de su vida y glorificando Dios a través del vivir la libertad basada en el amor que Dios le da. Un amor no egoísta y que lo hará vivir en una vida libre a través del Evangelio de Gracia (Vida inmerecida), Y se dice gracia, porque la verdadera libertad se vive en gracia y no en ley, pero eso conlleva el hecho de que el que vive la libertad de Dios, debe tener una conciencia cristianizada que buscará una vida de anunciación de aquel amor que le ha otorgado Dios.

Es entonces que el Ministro de Dios debe cuidar de vivir la libertad de Dios y no de no hacer lo que no corresponde viviendo un libertinaje que atentará en contra de la dignificación de su vida. El vivir la libertad de Dios lo llevará a hacer y buscar lo bueno, lo virtuoso, lo dignificante y totalizante para sí mismo, para otros y para la glorificación de Dios, lo que a la vez producirá un excelente servicio en la obra de Dios.

Será un vivir por una constante elección por la vida y la libertad desacralizando toda ley o regla que le oprima la dignificación de su vida.
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BIBLIOGRAFIA


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- Aristóteles. “ÉTICA NICOMAQUEA”. Ed.
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